Mi historia

Mi historia XVIII

XVIII

 El lunes 1 de septiembre entró en la habitación una médica nueva. Era una mujer menuda con una larga melena morena. Parecía una MIR pero no, era la hematóloga. Tenía una cara amable y una sonrisa que reconfortaba. 

 Se sentó en la habitación con mis padres y conmigo para explicarnos. Dijo que habían estado investigando sobre mi tipo de leucemia y que en Europa la tasa de supervivencia andaba entre el 10-20%, lo que era una muy buena noticia. Que tenían esperanzas y que había que ser positivos. 

 Nos comentó algo sobre otras pruebas para saber de que tipo y clase era la leucemia. Que iba a laboratorio y que en 15 o 20 días llegarían los resultados. Por otro lado también habló de empezar a hacer pruebas a mis padres y mi hermano a ver si alguno era compatible. Pero que ya iríamos viendo poco a poco.  Resolvió algunas dudas y preguntas, charlamos un rato, nos tranquilizó, y quedó en que si necesitábamos algo, la avisáramos. Una mujer encantadora. Siempre tendrá un huequito en mi corazón.

La vida es bella

 La vida en el hospital tiene un ritmo diferente pero bastante dinámico. Al final los días pasan rápido.

 Empiezan a las 6 de la mañana sacándote sangre. Al principio te despiertas siempre, porque no estás acostumbrada a que alguien entre en tu habitación a esas horas,(ni a ninguna).

 Sobre las 9 o así te traen el desayuno. Al principio me traían un zumo de naranja y pedí cambio de galletas por tostadas, así que estaba como una reina, y el cacao con leche. Soy lenta comiendo, así que terminar el desayuno, ducharse y casi la comida. Con la comida y cena iba un poco a gusto. La nutricionista venía por las mañanas y me preguntaba que tal la comida de ese día y que quería/necesitaba para el día siguiente. Así que me hacía el menú a dedo casi. No soy vegetariana, pero no me gusta comer animales. Intento no comerlos, aunque si me pide el cuerpo un poco de rico jamón, se lo doy. Comer en un hospital cuando no comes casi carne, es muy difícil. Aun así se portaron genial. Me tuve que adaptar, pero ellos también lo hicieron dentro de sus posibilidades. Por la tarde una siestita que solía ser siempre interrumpida por el personal que venían a preguntar cositas. Luego la merienda. Unos paseos por la habitación, algo de charla con alguna visita esporádica que venía a verme y a ver a mi familia. La cena y a dormir.

 Al día siguiente, más de lo mismo. Hacer barquitos, leer, mucho whatsapp, y reflexionar.

 Entre las cosas curiosas del hospital que fui descubriendo diré, por ejemplo, y me pongo un pelín escatológica, te hacen mear en un bote. Uno grande, creo que de tres litros no recuerdo bien. Y tienes que hacer pis todo el día ahí. Algo tan básico como mear a gusto, sentado en el wc , deja de ser posible. Al parecer se hace mucho, yo..ni idea, hospitales los pisaba lo justito desde los 20. Me daban pánico. Toma, zas en toda la boca. A día de hoy ya no me dan miedo. El de aquí me lo conozco como la palma de mi mano. Al final puede que uno de los secretos de la vida sea aceptar, abrir el corazón a lo que nos asusta y conocerlo, reconocerlo. Así se pierde el miedo.

 Otra curiosidad, pasan revisión tres veces al día a preguntar, cuanto pis, cuantas deposiciones, como eran, lo que has comido, cuanto de cada plato, etc. Llevan unos controles exahustivos de todo. Y van regulándote las medicaciones en función de las analíticas y de como responde nuestro cuerpo día a día.

 Siguiente capítulo: Mi historia XIX

Un comentario sobre “Mi historia XVIII

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s