Mi historia

Mi historia XXII

XXII

  La primera noche me empeñé, como estaba muy bien, en dormir en mi casa, sola. Era lo que más me apetecía en el mundo. Mi casa. Mi hogar. Mi cuevita. Mi refugio. Y estar a mi aire. Pensar en lo que había pasado, escribirlo en el diario, un día pa mí. Llevaba casi un mes metida en una habitación de hospital sin poder salir y acompañada. 

 En mi ausencia la casa no se había limpiado y esto que voy a contar describe muy bien, el punto en el que estaba todavía por aquel entonces. La casa no se había limpiado ni en ese mes, ni seguramente la última semana que estuve en casa, por como me encontraba, vamos.
La gata había estado dos días sola, que se aburre y se agobia y pierde más pelo, y en fin estaba un poco puerco todo. Salía de un ambiente muy pulcro, donde al no tener defensas tienes que tenerlo todo desinfectado y la gente se desinfectaba para entrar. Muy estéril todo. Y llego a aquella casa, llena de polvo, hojas de la terraza, pelos de gato…

Pues bien, recién salidita del hospital con el PIC (la vía del brazo) aún puesta, parecía Robocop, me pongo a limpiar la casa. Lo dejé cuando estaba más o menos, y me sangraba tanto la entrada del PIC que pensé que ya servía.

 En fin. Me debe venir de familia, mi abuela hacía lo mismo. Pero… ¿en serio? Ya…no?.

 Esa noche pedí comida india y disfruté de la libertad… y en parte también, de mi estupidez. (Da igual, no lo explicaré)

 Al día siguiente mi padre me recogió y pasé una semana con él, en su casa del pueblo. Buenos alimentos, contacto con la naturaleza y visitas diarias programadas con familia y amigos para que vinieran de pocos en pocos y sin virus.

 También visité a una terapeuta de biomagnetismo. Era amiga de la familia y me hizo un hueco para verme. Lo primero que me preguntó fue si había vivido un desengaño muy grande, o me había esforzado mucho en conseguir algo y sentía que había fracasado? Si me sentía sola y frustrada, decepcionada? Agotada? Respondí a todo que sí. Charlamos un rato en profundidad de todo…

Me di cuenta con aquello, que el tema laboral me había afectado más de lo que pensaba. Y tenía sentido, porque la primera semana que ingresé en el hospital, me la pasé soñando con la tienda en la que trabajaba y mi antiguo jefe. Hacía meses que lo había dejado, pero mi subconsciente empezó a liberarlo allí. Con todo el estrés del momento.

 Cada uno es libre de creer en lo que quiera y dedicar su vida a lo que quiera, de la misma manera, yo no encontré explicación a lo que me pasaba, y las terapias alternativas, la medicina tradicional china etc, me daban respuestas y además me encajaban. Así las cosas empezaban a tener sentido, aunque en un principio pareciera en sí, un sin sentido.

 En esos días disfruté de muchas cosas, de estar libre y viva, pero algo dentro de mi se sentía raro. Me sentía peor estando fuera, que dentro del hospital. ¿Me había acostumbrado a ser el centro de atención?¿A tener personas cuidando de mi todo el día? En parte sí. Pero otra parte era que, estando en el hospital, era una paciente más. Otra enferma. Con buena actitud, siempre sonriente y con un, buenos días, para quien entrara en la habitación. El personal era encantador conmigo y me reforzaban continuamente mi buena actitud, pero fuera del hospital…¿qué era? Una persona enferma, sin pelo. Había perdido toda mi identidad y mi vida. Ya no llevaba vida de chica de 28, llevaba vida de persona en edad muy adulta. Paseitos cortos. Siestas hasta después de desayunar…

 Estaba en mi proceso, mi proceso de sanación, pero yo quería acción. Quería correr, salir, divertirme, quemar la vida, porque había estado a punto de perderla. Pero mi cuerpo estaba en otro punto. La mente a mil, el cuerpo a paso de caracol. Adaptarme a estar así en el mundo exterior fue algo que me trajo mis quebraderos en varias ocasiones.

 

Si llegaste hace poco a este blog….Te dejo la primer entrada aquí:  Mi historia I 
Si queréis refrescar el capítulo anterior: Mi historia XXI

Siguiente capítulo: Mi historia XXIII

 

5 comentarios sobre “Mi historia XXII

  1. Hermosas contradicciones! Toda tu narrativa esta envuelta en sentimientos encontrados, pero lo mas valorable ha sido, demostrarte a ti misma que eras y aun lo eres, una amazona indestructible a quien esa odiada enfermedad, no podría vencer. Todo lo demás; aun los recuerdos fueron quizás, producto de esa inconsciencia que a veces tenemos, cuando nos guarecemos de una u otra manera, de algo que enfrentamos y nos provoca mas interrogantes que certezas. No habrá sido fácil; la rehabilitación como dices, pero has logrado lo mas preciado que puede hacer una persona, enfrentarte a la adversidad y superarla. Un cálido saludo.

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    1. Muchas gracias por tus palabras Daniel. La vida está llena de contradicciones, al menos la mía… Fue un viaje largo y duro, pero no hay que perder la esperanza. El ser humano es asombroso, somos fuertes y muy resistentes. Y por supuesto, el apoyo de otras personas, el cariño, el amor, el contacto físico, la comprensión… todo eso ayuda también a pasar una situación así.
      Un abrazo muy grande ^^ ✨

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