Vida

La Guardia Blanca (7/9)

Estábamos en una especie de limbo, y teníamos a mucha gente en contra. Pero también había mucha gente de nuestro lado, y no solo gente del pueblo, había personas de muy arriba, que se habían cansado también de tanta mierda por todo lados y querían redimirse en cierta manera, limpiar aquello y dejar algo bueno para cuando miraran atrás.

Y así pasamos de lidiar con administradores de fincas a cosas más gordas.

Y mientras tanto, también iba creciendo el equipo, se iban formando más grupos, Barcelona, Sevilla, Bilbao…
También se colaboraba y compartía información con los grupos de otros países… Y en menos de un año, ya había una red por todo el mundo.

Durante este tiempo, hubo muchos grupos que se unieron, comisarías enteras con las que podíamos colaborar, ayuntamientos, provincias incluso que nos daban facilidades, que denunciaban la corrupción a su alrededor. Hubo mucha gente que se implicó, de muchas formas diferentes.

Incluso a través de internet se creó un grupo que iba avanzando con algunas investigaciones, o que hacían las suyas propias paralelas a las nuestras, y compartían esa información. La gente se implicó en saber la verdad, en destapar los secretos oscuros y limpiar todo eso.

En realidad, se puso todo patas arriba. Sabéis la del barco cuando se hunde…¿? que van las ratas como locas… Pues así estábamos. Una estampa como la del Apocalipsis, pero al revés.

Al haber más grupos, en más comunidades autónomas, podíamos ya, separarnos y empezar a operar como se quería. Intercambiándonos con los grupos de otras comunidades.

Así que llegado un punto, a mi equipo y a mi mi, nos tocó ir a Barcelona. Y el equipo con el que colaboramos en aquella ocasión, tenía un caso de desaparición de una chica. La madre les había escrito, porque la policía no hacia nada por tener ya un historial de escaparse de casa y varias entradas en el reformatorio. La chica en realidad era una niña, tenía 15 años, pero ya llevaba un mal recorrido. Hogar desestructurado, padres ausentes, malas compañías, etc…

Habían sido las fiestas del pueblo, ubicado a las afueras de Barcelona, y ella no había vuelto a casa. Hacía cuatro días ya.

Nos desplazamos al pueblo, fuimos a su casa, registramos la habitación de la niña, solicitamos la información de su teléfono, contactamos con amigos, familia… Todo lo que pudimos hacer el primer día, se hizo.

Una de las cosas que teníamos clara, todos los que formábamos aquel engranaje, es que hay que ser rápidos a la par que cuidadosos y concienzudos. Pero la rapidez nos parecía algo clave. Y si algo tiene la justicia y demás, es que es lenta como caballo del malo.

Nosotros no. Al ser dos equipos completos y contar con medios, había el personal necesario para que todo se hiciera ya.

Teníamos nuestros propios laboratorios, sistema legal, todo lo que hiciera falta. Y la gente iba con ganas por la mañana, porque estábamos haciendo algo importante, porque creíamos en ello.

Siguiendo el rastro de la niña, dimos con un delincuente reincidente, que podía estar relacionado. Pero en vez de ir directamente a por él, se montó un operativo de vigilancia, aquí, pedimos ayuda a otro equipo que se había formado, ante la necesidad de tener un gran equipo táctico, con conocimientos y versado en el tema. El tercer equipo, conformado íntegramente por personas con experiencia en el campo de la seguridad, se encargó de organizarnos y liderar la operación desde ese momento.

Este caso no era una comunidad de vecinos, había mucho en juego y era gente peligrosa a otros niveles.

La decisión de implicar al tercer equipo y como se procedió nos hizo encontrar, no solo a la niña, sino una red de tráfico de personas que proveía de estas niñas a las altas esferas españolas.
Pasó un contacto por casa de esta persona, al que seguimos, y así fuimos siguiendo a unos y otros. Interceptando extraños correos electrónicos, direcciones, nombres, coches, fotos… En fin, pruebas recopiladas una a una, para poder llevar a aquellos monstruos ante la justicia. Pero la nuestra. Nuestra condena.

Ya teníamos hasta nuestra propia cárcel. Y aquí, una vez más, el planteamiento iba a ser diferente.

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